El día que vi mi nombre en la lista no me lo creía”: entrevista a una maestra de Infantil que obtuvo plaza en las oposiciones de Infantil


Preparar unas oposiciones de Educación Infantil no es solo estudiar. Es aprender a convivir con la incertidumbre, organizarse cuando no apetece, renunciar a planes, sostener la motivación y, sobre todo, creer en una misma incluso cuando todo parece cuesta arriba.

Hoy hablamos con Laura, una maestra de Educación Infantil que aprobó las oposiciones de Infantil  con plaza el año pasado. Nos cuenta cómo vivió el proceso, qué sintió al conseguir la plaza y cómo ha sido su primer curso como funcionaria en prácticas.

“Empecé con mucha ilusión, pero también con mucho miedo”

Laura, para empezar, ¿cómo recuerdas el inicio de la preparación?

Lo recuerdo como una mezcla rara de ilusión y miedo. Tenía claro que quería intentarlo en serio, pero al principio todo me parecía enorme: el temario, la programación, las situaciones de aprendizaje, los supuestos, la legislación… Me sentía un poco perdida.

Creo que una de las cosas que más me costó fue aceptar que no podía controlarlo todo desde el primer día. Al principio quería llevarlo todo perfecto, hacer resúmenes preciosos, tener la parte práctica cerrada cuanto antes, saberme los temas casi de memoria… y claro, eso es imposible.

Con el tiempo aprendí a ir paso a paso. A veces avanzar en oposiciones no significa estudiar diez horas, sino entender mejor un tema, mejorar una actividad de tu unidad de  programación o simplemente sentarte a estudiar aunque ese día no tengas ninguna gana.

¿Trabajabas mientras preparabas la oposición?

Sí. Estaba trabajando en una escuela infantil por las mañanas, así que estudiaba por las tardes y los fines de semana. No voy a decir que fue fácil, porque no lo fue. Había días en los que llegaba cansadísima y lo último que me apetecía era ponerme con el temario.

Pero también creo que trabajar me ayudó mucho. Estar en contacto con niños y niñas me recordaba por qué estaba haciendo todo aquello. Además, muchas ideas para la parte práctica  salieron de experiencias reales del aula.

“Tuve que aprender a estudiar sin compararme tanto”

¿Cómo era tu rutina de estudio?

Intentaba ser bastante constante, pero sin obsesionarme con horarios imposibles. Entre semana estudiaba unas tres o cuatro horas por la tarde, dependiendo del día. Los sábados solía hacer una jornada más larga y los domingos intentaba dejar algo de descanso, aunque en los últimos meses también estudiaba.

Me organizaba por bloques. Unos días los dedicaba al temario, otros a supuestos prácticos, etc. También practicaba la exposición oral en voz alta, que al principio me daba muchísima vergüenza. Me grababa con el móvil y luego me escuchaba. Al principio era horrible, no me gustaba nada cómo sonaba, pero me ayudó muchísimo.

¿Hubo algún momento en el que pensaste en dejarlo?

Sí, varias veces. Creo que casi todo opositor pasa por eso, aunque no siempre se diga. Recuerdo especialmente un momento, unos tres meses antes del examen, en el que sentí que no llegaba. Veía a otras personas en redes diciendo que ya llevaban tres vueltas al temario, que llevaban preparada la parte práctica perfecta, que hacían simulacros todas las semanas… y yo pensaba: “Madre mía, voy fatal”.

Ahí tuve que parar un poco. Me di cuenta de que compararme me estaba haciendo mucho daño. Cada persona tiene sus circunstancias. Hay quien trabaja, quien tiene hijos, quien estudia a tiempo completo, quien parte de más experiencia… No tiene sentido medir tu proceso con el de otra persona.

Desde entonces intenté centrarme en mi propio avance. Me repetía mucho: “Haz lo que puedas hoy, pero hazlo bien”.

“El examen fue una montaña rusa emocional”

¿Cómo viviste el día del examen?

Con muchísimos nervios. Dormí fatal la noche anterior. Me desperté varias veces pensando que se me había olvidado todo. Llegué al instituto muy temprano, con mi botella de agua, mis bolígrafos y una sensación en el estómago que no se me olvidará nunca.

Lo más difícil fue esperar. Ver a tanta gente allí, repasando, hablando de temas… impresiona mucho. Yo intenté no escuchar demasiado, porque me ponía más nerviosa.

Cuando salió el tema, tuve un segundo de bloqueo. No porque no lo supiera, sino porque los nervios me dejaron en blanco durante unos segundos. Respiré, cerré los ojos un momento y empecé a hacer un esquema en sucio. Eso me salvó. En cuanto escribí las primeras ideas, todo empezó a fluir.

¿Y la parte oral?

Para mí fue la parte más emocional. La llevaba muy trabajada y era muy mía. Había puesto mucho cuidado en que tuviera sentido, en que no fuera una programación “de plantilla”, sino algo que realmente pudiera llevarse al aula.

Cuando entré al tribunal estaba temblando, pero intenté sonreír y hablar como si estuviera explicándole mi proyecto a un equipo docente. Creo que eso me ayudó: no verlo como un interrogatorio, sino como una oportunidad para contar mi forma de entender la Educación Infantil.

Salí con una sensación extraña. Por un lado, estaba contenta porque había defendido lo que llevaba preparado. Por otro, empecé a pensar en todo lo que podría haber dicho mejor. Es inevitable.

“Cuando vi mi nombre, me puse a llorar”

¿Cómo fue el momento en el que supiste que habías aprobado?

Fue surrealista. Estaba en casa, actualizando la página una y otra vez. Cuando salieron las listas, me costó hasta mirar. Busqué mi nombre varias veces porque no me lo creía. Veía la nota, veía que tenía plaza, pero era como si mi cabeza no lo procesara.

Me puse a llorar. Pero no fue un llanto bonito de película, fue llorar de verdad, con toda la tensión acumulada de meses. Llamé a mi madre y casi no podía hablar. Solo le decía: “Mamá, he aprobado. Tengo plaza”.

Creo que en ese momento se te vienen encima todos los días malos, todas las veces que seguiste estudiando sin ganas, todos los planes que dijiste que no, todas las dudas… y de repente todo cobra sentido.

¿Qué fue lo primero que pensaste?

Pensé: “Ya está. Lo he conseguido”. Y también sentí mucha paz. La oposición te coloca durante mucho tiempo en una especie de espera constante. Siempre falta algo: falta estudiar más, falta repasar, falta la nota, falta la lista… Cuando por fin acaba, cuesta creer que de verdad ha terminado.

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“El primer año no ha sido perfecto, pero sí muy bonito”

¿Cómo ha sido tu primer curso como maestra tras aprobar?

Ha sido intenso. Muy bonito, pero intenso. Creo que a veces idealizamos el momento de conseguir la plaza y pensamos que después todo será fácil, pero la realidad del aula también tiene sus retos.

Me incorporé con muchísima ilusión, pero también con miedo a no estar a la altura. Una cosa es preparar  la oposición y otra muy distinta es entrar en una clase real, con niños y niñas reales, con ritmos diferentes, familias, reuniones, coordinación, papeleo, imprevistos…

He aprendido muchísimo. Mucho más de lo que imaginaba. He aprendido a flexibilizar, a no querer tenerlo todo controlado, a escuchar más, a observar más y a entender que en Infantil cada pequeño avance cuenta.

¿Qué ha sido lo más bonito de este primer año?

Sin duda, el vínculo con los niños y niñas. Ver cómo llegan al aula en septiembre, algunos con miedo, otros sin querer separarse de sus familias, y cómo poco a poco van ganando confianza, autonomía, lenguaje, seguridad… es precioso.

Hay momentos muy sencillos que te reconcilian con todo: una niña que te dice que ya sabe ponerse el abrigo sola, un niño que antes no participaba y de repente levanta la mano en la asamblea, una familia que te agradece cómo has acompañado a su hijo… Son cosas pequeñas, pero para mí son enormes.

¿Y lo más difícil?

Gestionar la carga mental. En Infantil parece que todo es cantar canciones y hacer manualidades, pero hay muchísimo trabajo detrás. Programar, adaptar, evaluar, atender a la diversidad, coordinarte con compañeras, hablar con familias, preparar materiales, resolver conflictos, acompañar emociones, los temas administrativos-burocráticos (los odio) …

También me ha costado aceptar que no siempre puedes hacerlo todo como te gustaría. A veces una actividad no sale, un día el grupo está más revuelto, una familia viene preocupada, tienes mil cosas pendientes… y tienes que aprender a no machacarte.

“La oposición me enseñó disciplina, pero el aula me está enseñando humildad”

¿Sientes que la oposición te preparó para la realidad del aula?

Sí y no. La oposición me dio una base muy importante. Me obligó a estudiar normativa, metodología, desarrollo infantil, atención a la diversidad, evaluación… Todo eso es necesario.

Pero el aula te enseña otra parte que no siempre cabe en un tema. Te enseña a mirar, a esperar, a improvisar, a pedir ayuda, a equivocarte y rectificar. La oposición me enseñó disciplina, pero el aula me está enseñando humildad.

¿Has sentido presión durante este primer año?

Sí. Al aprobar, parece que deberías saber hacerlo todo bien desde el primer día. Y no es así. Eres maestra, sí, pero también estás empezando una nueva etapa. He tenido dudas, he pedido consejo, he cambiado actividades que no funcionaban y he tenido días en los que he llegado a casa agotada.

Pero también he tenido compañeras maravillosas que me han ayudado mucho. Eso es fundamental. Un buen equipo docente te sostiene muchísimo.

“A quien esté opositando le diría que no espere a sentirse preparado del todo”

¿Qué consejo le darías a alguien que está preparando ahora las oposiciones de Infantil?

Le diría que no espere a sentirse preparado del todo, porque probablemente ese momento no llegue nunca. Siempre vas a sentir que podrías haber estudiado más, que hay alguien que va más adelantado.

También le diría que cuide mucho su salud mental. Aprobar es importante, claro, pero no a cualquier precio. Dormir, descansar, salir a caminar, hablar con gente que te quiere… todo eso también forma parte del proceso.

¿Volverías a pasar por el proceso?

Uf… ahora que ya ha pasado, te diría que sí, porque ha merecido la pena. Pero si me lo preguntas en mitad de la preparación, seguramente te habría dicho que no podía más.

La oposición es dura, pero también te transforma. Yo no soy la misma maestra que era antes de empezar. Aprendí muchísimo, no solo de Infantil, sino de mí misma.

“Todavía me emociono cuando entro en clase”

Antes de terminar, Laura se queda unos segundos pensando y sonríe.

“Creo que todavía estoy aterrizando”, nos dice. “Hay mañanas en las que entro en clase, veo las mochilas, las batas, los dibujos colgados, escucho sus voces… y pienso: estoy aquí. Esto era lo que quería”.

Su historia no es una receta mágica ni un camino perfecto. Es la historia de una opositora que dudó, se cansó, siguió, lloró, aprobó y ahora empieza a construir su identidad como maestra desde la realidad diaria del aula.

Porque aprobar una oposición no es el final del camino. A veces, es solo el comienzo de una etapa aún más bonita.


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