Introducción

El Diseño Universal para el Aprendizaje, conocido como DUA, es una forma de planificar la enseñanza pensando desde el principio en la diversidad del aula. No consiste en preparar una actividad para la mayoría y después hacer adaptaciones para algunos niños, sino en diseñar propuestas abiertas, flexibles y accesibles para que todo el alumnado pueda participar, aprender y expresar lo que sabe de distintas maneras.

En Educación Infantil, este enfoque tiene mucho sentido, porque cada niño aprende a un ritmo diferente. Algunos necesitan moverse, otros necesitan ver imágenes, otros comprenden mejor manipulando objetos, otros se expresan con palabras, otros con gestos, dibujos, construcciones o juego simbólico.

Por eso, una actividad DUA debe ofrecer:

  1. Diferentes formas de motivar al alumnado.

  2. Diferentes formas de presentar la información.

  3. Diferentes formas de expresar lo aprendido.

A continuación se presentan 15 ejemplos de actividades DUA para Educación Infantil, clasificadas según las tres áreas del currículo: Crecimiento en Armonía, Descubrimiento y Exploración del Entorno y Comunicación y Representación de la Realidad.


Actividades DUA del área Crecimiento en Armonía


1. El espejo de las emociones

Esta actividad tiene como finalidad ayudar al alumnado a reconocer, expresar y regular emociones básicas como la alegría, la tristeza, el enfado, el miedo, la sorpresa o la calma.

El docente prepara un pequeño rincón con un espejo, tarjetas de emociones, fotografías, colores y objetos asociados a distintos estados emocionales. En asamblea, se presentan varias situaciones cotidianas: “un amigo no quiere jugar conmigo”, “me sale bien una construcción”, “pierdo mi juguete favorito” o “alguien me da un abrazo”. Después, cada niño elige una emoción y la representa ante el espejo mediante gestos, postura corporal, sonidos o palabras.

Desde el enfoque DUA, la actividad ofrece varias formas de participación. El niño puede expresarse hablando, señalando una imagen, usando un color, imitando una cara, escogiendo un objeto o simplemente observando antes de participar. Esto es especialmente útil para alumnado con dificultades de lenguaje oral o con menor seguridad emocional.

La actividad puede cerrarse con una pregunta sencilla: “¿Qué puedo hacer cuando me siento así?”. De este modo, no solo se identifica la emoción, sino que se comienzan a construir estrategias de autorregulación.

Evaluación: se puede observar si el alumnado reconoce emociones, si empieza a poner nombre a lo que siente, si respeta las emociones de los compañeros y si utiliza alguna estrategia de calma.


2. Yo puedo hacerlo solo

Esta propuesta está orientada al desarrollo de la autonomía personal en rutinas diarias: ponerse el abrigo, recoger materiales, lavarse las manos, abrir la mochila, guardar el vaso o preparar el espacio de trabajo.

El aula se organiza con un panel visual llamado “Yo puedo hacerlo solo”. En él aparecen fotografías o pictogramas con pequeñas acciones cotidianas. Cada niño elige un reto de autonomía y lo intenta realizar. El objetivo no es que todos lo consigan al mismo tiempo, sino que cada uno avance desde su punto de partida.

El DUA aparece en la forma de presentar la tarea. No se da solo una explicación oral, sino que se muestran imágenes, se hace una demostración, se divide la acción en pasos y se ofrece apoyo si es necesario. Además, cada niño puede demostrar su progreso de diferentes formas: realizando la acción, explicándola, señalando el paso que ha conseguido o colocando una pegatina en el panel.

Esta actividad es muy útil para incluir en una programación didáctica porque conecta con la vida real del aula y con uno de los grandes objetivos de Educación Infantil: la construcción progresiva de la autonomía.

Evaluación: se valorará el progreso individual, la iniciativa, el intento, la perseverancia y la capacidad para pedir ayuda cuando la necesita.


3. La maleta de mi vida

Esta actividad favorece la identidad personal, la autoestima y el conocimiento de los demás. Cada niño trae de casa un objeto significativo: una fotografía, un cuento, un muñeco, una prenda, una concha, una pelota o cualquier elemento que tenga valor para él.

En asamblea, se abre la “maleta de mi vida”. Cada alumno presenta su objeto al grupo. Puede contar por qué lo ha elegido, quién se lo regaló, cuándo lo utiliza o qué recuerdo le trae. Si algún niño no quiere hablar, puede mostrarlo, señalarlo, dejar que el docente lo explique con su ayuda o responder a preguntas muy sencillas.

La actividad es DUA porque permite múltiples formas de expresión: oral, gestual, visual, simbólica o con apoyo del adulto. Además, parte de la experiencia personal del alumnado, lo que aumenta la motivación y el vínculo emocional con la propuesta.

También ayuda a construir grupo, porque los niños descubren aspectos de sus compañeros y aprenden a escuchar con respeto.

Evaluación: se puede observar la participación, la escucha activa, el respeto por los objetos de los demás y la capacidad para compartir información personal.


4. El semáforo de la calma

El objetivo de esta actividad es iniciar al alumnado en estrategias sencillas de regulación emocional y resolución de conflictos.

Se presenta un semáforo con tres colores:

  1. Rojo: paro.

  2. Amarillo: respiro.

  3. Verde: busco una solución.

El docente plantea situaciones habituales del aula: “quiero un juguete que tiene otro niño”, “me enfado porque he perdido”, “me empujan sin querer” o “no me dejan hablar”. A través de marionetas, imágenes o dramatizaciones, los niños practican qué hacer en cada caso.

Desde el DUA, la actividad utiliza apoyos visuales, lenguaje oral, movimiento, dramatización y repetición. Esto permite que todos los niños puedan comprender la secuencia, aunque tengan distintos niveles de lenguaje o madurez emocional.

La propuesta puede mantenerse durante todo el curso como recurso estable del aula. Cuando surge un conflicto real, el docente puede señalar el semáforo y recordar los pasos.

Evaluación: se observará si el alumnado empieza a detenerse antes de actuar impulsivamente, si identifica el enfado y si propone soluciones sencillas como pedir ayuda, esperar turno, respirar o hablar.

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5. La caja de los logros

Esta actividad trabaja la autoestima y la conciencia del propio progreso. En el aula se coloca una caja decorada llamada “La caja de los logros”. Cada vez que un niño consigue algo importante para él, lo representa en una tarjeta mediante dibujo, palabra, foto o símbolo.

Los logros pueden ser muy variados: “me he puesto el abrigo”, “he compartido”, “he contado hasta cinco”, “he ayudado a un compañero”, “he terminado un puzzle” o “he pedido perdón”.

El enfoque DUA está presente porque no todos los niños tienen que expresar su logro de la misma manera. Algunos lo dirán oralmente, otros harán un dibujo, otros elegirán una imagen y otros necesitarán que el adulto escriba por ellos.

Esta propuesta es especialmente interesante porque ayuda a valorar el proceso y no solo el resultado. Además, permite que cada niño se compare consigo mismo y no con los demás.

Evaluación: se valorará si el alumnado reconoce avances personales, si mejora su autoconcepto y si respeta los logros de sus compañeros.


Actividades DUA del área Descubrimiento y Exploración del Entorno


6. La caja misteriosa

Esta actividad permite trabajar la observación, la formulación de hipótesis y el lenguaje sensorial.

El docente introduce un objeto dentro de una caja opaca. Los niños no pueden verlo, pero sí tocarlo. Por turnos, meten la mano y describen lo que sienten: duro, blando, frío, rugoso, pequeño, grande, redondo, pesado o ligero. Después, intentan adivinar de qué objeto se trata.

La actividad es muy potente desde el DUA porque la información no se presenta únicamente de forma visual. El niño aprende a través del tacto, del lenguaje, de la escucha, de la comparación y de la anticipación. Además, puede responder de varias formas: diciendo una palabra, señalando una imagen, eligiendo entre dos opciones o dibujando lo que cree que hay dentro.

Una vez descubierto el objeto, se puede comparar con otros elementos del aula y clasificarlo según sus características.

Evaluación: se observará si el alumnado explora con curiosidad, utiliza vocabulario sensorial, formula hipótesis y acepta comprobar si su respuesta era correcta o no.


7. Pequeños científicos del agua

Esta actividad trabaja la experimentación, la causa-efecto y el pensamiento científico inicial.

Se prepara una bandeja grande con agua y varios objetos: piedra, corcho, cuchara, esponja, tapón, hoja, pieza de madera y moneda. Antes de introducir cada objeto, los niños anticipan si flotará o se hundirá. Pueden hacerlo verbalmente, levantando una tarjeta azul para “flota” y una tarjeta gris para “se hunde”, o colocando el objeto en una tabla visual.

Después se comprueba el resultado. Lo importante no es acertar, sino observar, comparar y hablar sobre lo que ha ocurrido.

Desde el DUA, se ofrecen varias formas de representación: objetos reales, agua, tarjetas visuales, gestos y lenguaje oral. También hay varias formas de expresión: anticipar, señalar, colocar, verbalizar, dibujar o clasificar.

Esta actividad puede utilizarse dentro de una situación de aprendizaje relacionada con el agua, los materiales, el entorno o los experimentos.

Evaluación: se valorará la curiosidad, la capacidad de anticipación, la observación y la comparación entre objetos.


8. El mercado de los números

Esta propuesta permite trabajar conteo, cantidad, correspondencia uno a uno y juego simbólico.

El aula se transforma en un pequeño mercado con frutas, verduras, cestas, monedas simbólicas y tarjetas de números. El docente propone pequeños retos: “compra tres manzanas”, “pon dos tomates en la cesta”, “dame cinco monedas” o “prepara una bolsa con cuatro frutas”.

El DUA aparece porque el número se representa de muchas formas: con grafía, con dedos, con puntos, con objetos reales y con imágenes. Así, un niño que todavía no reconoce el número escrito puede participar contando objetos o comparando cantidades visualmente.

Además, el alumnado puede responder manipulando, hablando, señalando, contando en voz alta, agrupando o entregando objetos.

La actividad es muy completa porque une pensamiento lógico-matemático, lenguaje oral, autonomía, juego simbólico y vida cotidiana.

Evaluación: se observará si el alumnado cuenta objetos, asocia cantidad y número, respeta turnos y participa en situaciones de compra simbólica.


9. El jardín del aula

Esta actividad favorece la observación de la naturaleza, la responsabilidad y el paso del tiempo.

Cada niño planta una semilla en un vaso transparente o en una pequeña maceta. Durante varias semanas, el grupo observa cómo cambia: primero la semilla, luego la raíz, después el tallo y finalmente las hojas.

Para registrar el proceso, se puede utilizar un mural con fotografías, dibujos, pegatinas o marcas de crecimiento. Algunos niños podrán dibujar la planta, otros pegar una foto, otros señalar qué ha cambiado y otros explicar oralmente lo que observan.

La actividad es DUA porque permite acceder al aprendizaje mediante experiencia directa, observación visual, manipulación, conversación, dibujo y comparación. Además, se adapta a diferentes ritmos, ya que cada niño puede participar en el cuidado según sus posibilidades.

También permite trabajar valores de cuidado, paciencia y respeto por los seres vivos.

Evaluación: se valorará la participación en el cuidado de la planta, la observación de cambios y la adquisición de vocabulario relacionado con la naturaleza.


10. Construcciones imposibles

Esta propuesta trabaja el equilibrio, la orientación espacial, la resolución de problemas y la cooperación.

Se ofrecen bloques, cajas, tubos, piezas de madera, vasos de plástico, cartones y otros materiales seguros. El reto consiste en construir una torre muy alta, un puente, una casa o una estructura que no se caiga. Los niños prueban, modifican, comparan y vuelven a intentarlo.

Desde el DUA, la actividad permite distintas formas de participación. Algunos niños construirán, otros observarán, otros darán ideas, otros sujetarán piezas y otros explicarán qué ha funcionado y qué no.

También se pueden incluir tarjetas visuales con retos: “haz una torre más alta que tu rodilla”, “construye un puente para que pase un coche”, “crea una casa para un muñeco”.

La actividad es especialmente interesante porque introduce el error como parte natural del aprendizaje. Si una torre se cae, no es un fracaso: es una oportunidad para pensar qué se puede cambiar.

Evaluación: se observará la planificación, la cooperación, la perseverancia, el uso de nociones espaciales y la búsqueda de soluciones.


Actividades DUA del área Comunicación y Representación de la Realidad


11. Cuento con final abierto

Esta actividad desarrolla la comprensión oral, la imaginación, el lenguaje y la creatividad.

El docente cuenta un cuento, pero se detiene antes del final. A partir de ahí, los niños deben inventar cómo podría terminar. Pueden hacerlo hablando, dibujando, dramatizando, usando muñecos, escogiendo una imagen o construyendo una escena con piezas.

El enfoque DUA es muy claro: no hay una única forma correcta de responder. Cada niño puede expresar su comprensión del cuento y su creatividad de la manera que mejor se ajuste a sus posibilidades.

Además, la actividad puede enriquecerse con apoyos visuales: personajes plastificados, secuencias de imágenes, objetos reales relacionados con la historia o pictogramas.

Es una propuesta muy útil para trabajar la expresión oral, la narración, la escucha, la anticipación y la estructura básica de los relatos.

Evaluación: se valorará si el alumnado comprende la historia, propone un final coherente, participa según sus posibilidades y respeta las ideas de los demás.


12. Pintamos la música

Esta actividad une lenguaje musical, expresión plástica y educación emocional.

El docente pone diferentes fragmentos musicales: uno lento, otro rápido, otro alegre, otro misterioso y otro tranquilo. Mientras escuchan, los niños pintan libremente lo que la música les sugiere. Pueden usar pinceles, ceras, esponjas, témperas, rotuladores o pintura de dedos.

Desde el DUA, la música se convierte en una vía de acceso al aprendizaje y la pintura en una forma de expresión. No se busca que todos dibujen lo mismo, sino que cada niño represente sensaciones, ritmos, emociones o movimientos.

Después, quien quiera puede explicar su creación. También puede simplemente mostrarla o elegir una emoción que se relacione con su dibujo.

Esta actividad respeta mucho la diversidad porque no exige una respuesta verbal ni un resultado cerrado.

Evaluación: se observará la expresión creativa, la participación, la relación entre música y emoción, y el uso libre de materiales plásticos.


13. Letras con el cuerpo

Esta propuesta introduce el reconocimiento de letras de forma vivencial, lúdica y manipulativa.

Se empieza con las letras de los nombres del alumnado. El docente muestra una letra grande y los niños intentan formarla con su cuerpo, con cuerdas, con plastilina, con bloques, con palos, con pintura de dedos o caminando sobre una letra dibujada en el suelo.

El DUA aparece porque la letra no se trabaja solo desde una ficha. Se presenta de forma visual, corporal, táctil, motriz y oral. Esto facilita que muchos niños puedan acercarse al lenguaje escrito desde la experiencia y no desde una tarea repetitiva.

La actividad puede hacerse en pequeño grupo, por parejas o de manera individual. También se puede utilizar para crear un mural con las iniciales de todos los niños.

Evaluación: se valorará el reconocimiento de letras significativas, la participación, la coordinación motriz y el interés por el lenguaje escrito.


14. El restaurante de las palabras

Esta actividad trabaja lenguaje oral, juego simbólico, normas sociales y vocabulario cotidiano.

El aula se convierte en un restaurante. Hay menús con dibujos, platos de juguete, delantales, libretas, mesas y alimentos simbólicos. Unos niños hacen de camareros, otros de clientes y otros de cocineros. Se practican expresiones como: “quiero agua, por favor”, “gracias”, “¿qué desea?”, “la cuenta”, “me gusta” o “no me gusta”.

Desde el DUA, se ofrecen apoyos visuales como menús con imágenes, tarjetas de frases, objetos reales y modelado del adulto. Así, incluso los niños con menos lenguaje oral pueden participar señalando el plato, entregando una tarjeta o realizando una acción dentro del juego.

La actividad favorece la comunicación funcional, porque el lenguaje tiene un propósito real dentro del juego.

Evaluación: se observará el uso de vocabulario, la interacción con los compañeros, el respeto de turnos y la utilización de fórmulas sociales básicas.


15. Secuencias de imágenes

Esta actividad ayuda a ordenar acontecimientos y a desarrollar pensamiento narrativo.

El docente presenta tres o cuatro imágenes de una acción cotidiana: lavarse las manos, plantar una semilla, preparar una receta, vestirse o ir al colegio. Los niños deben ordenar las imágenes y explicar qué ocurre primero, después y al final.

La propuesta puede adaptarse con distintos niveles de dificultad. Para algunos niños se usarán tres imágenes muy claras; para otros, cuatro o cinco. Algunos explicarán la secuencia oralmente, otros la señalarán, otros la dramatizarán y otros la reconstruirán con objetos reales.

Desde el enfoque DUA, se ofrecen varias formas de representación: imágenes, acciones reales, lenguaje oral, gestos y dramatización. También se permiten diferentes formas de respuesta.

Esta actividad es muy útil para trabajar la comprensión temporal, la organización del pensamiento y la expresión oral.

Evaluación: se valorará si el alumnado ordena acciones, utiliza conectores temporales sencillos y comprende la lógica de una secuencia.


Conclusión

Aplicar el DUA en Educación Infantil no significa complicar las actividades, sino hacerlas más flexibles, más accesibles y más ricas. Una misma propuesta puede permitir que cada niño participe desde sus posibilidades, comprenda la información de diferentes maneras y exprese lo aprendido sin depender siempre del lenguaje oral o de una ficha.

Estas 15 actividades muestran que el DUA puede integrarse de forma natural en el aula a través del juego, la manipulación, la experimentación, el movimiento, la música, los cuentos, las imágenes, los objetos reales y la interacción con los demás.

Para una programación didáctica o una defensa oral de oposiciones, lo importante no es decir simplemente “trabajo el DUA”, sino demostrar cómo se concreta en el aula. Por eso, actividades como estas pueden ayudarte a justificar una intervención educativa inclusiva, flexible y respetuosa con la diversidad del alumnado.