Bowlby, Wallon y Erikson aparecen con frecuencia cuando se estudia el desarrollo afectivo infantil. El problema es que, al preparar el Tema 3 de las oposiciones de Educación Infantil, sus teorías suelen reducirse a una sucesión de conceptos y etapas que se memorizan sin comprender bien qué diferencia a un autor de otro.
Sin embargo, cada uno responde a una pregunta distinta:
- Bowlby explica cómo se construye la seguridad afectiva mediante el apego.
- Wallon muestra que emoción, movimiento, pensamiento y relación social evolucionan de manera inseparable.
- Erikson analiza los retos psicosociales que permiten desarrollar confianza, autonomía e iniciativa.
Comprender estas diferencias ayuda a recordar sus teorías, relacionarlas entre sí y utilizarlas con sentido en un tema, un supuesto práctico o una programación didáctica.
¿Qué entendemos por desarrollo afectivo infantil?
El desarrollo afectivo es el proceso mediante el cual el niño construye sus vínculos emocionales, aprende a expresar y regular lo que siente, se reconoce como una persona diferenciada y desarrolla progresivamente su autoconcepto, autoestima, confianza, autonomía y capacidad para relacionarse.
No es una dimensión aislada. Un niño que se siente protegido está en mejores condiciones para explorar; quien puede expresar lo que le ocurre necesita menos recurrir a conductas desbordadas; y quien se percibe como capaz participa con mayor iniciativa en el juego y el aprendizaje.
Esta importancia aparece expresamente en el currículo vigente. El Real Decreto 95/2022 establece que la Educación Infantil debe contribuir al desarrollo integral del alumnado en sus dimensiones emocional y afectiva, potenciar su autonomía y favorecer una imagen positiva de sí mismo. También señala que la práctica educativa debe desarrollarse mediante experiencias emocionalmente positivas y en un ambiente de afecto y confianza que favorezca la autoestima y el establecimiento de un apego seguro.
Por tanto, estudiar a Bowlby, Wallon y Erikson no consiste únicamente en incorporar autores al temario. Sus aportaciones ayudan a comprender decisiones cotidianas como cuidar el periodo de adaptación, acompañar una rabieta, respetar el deseo de hacer las cosas sin ayuda o permitir que el alumnado tome iniciativas.
Bowlby, Wallon y Erikson: diferencias principales
| Autor | Pregunta principal | Concepto central | Aportación educativa |
|---|---|---|---|
| John Bowlby | ¿Qué necesita el niño para sentirse seguro y explorar? | Apego y base segura | Construir relaciones sensibles, estables y predecibles |
| Henri Wallon | ¿Cómo se construye el niño a través de la emoción, el cuerpo y los demás? | Unidad entre afectividad, movimiento, cognición y relación social | Interpretar el gesto, la emoción, la oposición y la imitación como manifestaciones evolutivas |
| Erik Erikson | ¿Qué retos afectivos y sociales debe afrontar en cada etapa? | Crisis psicosociales | Favorecer confianza, autonomía e iniciativa sin provocar vergüenza o culpa |
Una forma sencilla de recordarlos sería:
Bowlby: «Me siento seguro y por eso puedo explorar».
Wallon: «Siento, me muevo y me construyo en relación con los demás».
Erikson: «Aprendo a confiar, a hacer y a tomar la iniciativa».
Bowlby: el apego como base de la seguridad emocional
John Bowlby formuló la teoría del apego y defendió que la necesidad de establecer vínculos afectivos estables no es secundaria ni deriva únicamente de la alimentación. Se trata de una necesidad primaria con valor adaptativo: cuando el niño percibe peligro, malestar o separación, activa conductas destinadas a recuperar la proximidad de una figura protectora.
El apego no significa que el niño deba permanecer siempre junto al adulto. Su función es precisamente proporcionarle la seguridad necesaria para alejarse, explorar y regresar cuando necesita protección o consuelo.
La figura de apego como base segura
Una figura de apego sensible cumple dos funciones complementarias:
Actúa como refugio de seguridad cuando el niño siente miedo, dolor, cansancio o malestar.
Se convierte en base segura desde la que puede explorar el entorno con confianza.
Pensemos en un niño que llega por primera vez a la escuela. Al principio permanece cerca de la maestra, observa el espacio y busca su mirada. Cuando comprueba que esa persona responde, lo acompaña y continúa disponible, comienza a separarse, manipular materiales y acercarse a otros niños. La proximidad inicial no impide la autonomía: la hace posible.
Las fases del apego
Bowlby describió una evolución progresiva del vínculo. Las edades son orientativas y no deben utilizarse como límites rígidos:
Preapego, desde el nacimiento hasta aproximadamente las seis semanas. El bebé utiliza señales como el llanto, la sonrisa o la mirada, aunque todavía no dirige su preferencia de manera estable hacia una persona concreta.
Formación del apego, aproximadamente entre las seis semanas y los seis u ocho meses. Empieza a mostrar una mayor preferencia por las personas conocidas y se calma con más facilidad en su presencia.
Apego definido, aproximadamente desde los seis u ocho meses hasta los dieciocho o veinticuatro meses. Busca activamente la proximidad de sus figuras significativas y pueden aparecer cautela ante las personas desconocidas o malestar por la separación.
Relación recíproca, a partir de alrededor de los dos años. El desarrollo del lenguaje y de la representación mental le permite comprender mejor las ausencias, anticipar regresos y participar de forma más recíproca en la relación.
Lo importante no es memorizar cada mes, sino comprender que el vínculo pasa de respuestas generales a una relación selectiva y, posteriormente, más recíproca.
Los modelos operativos internos
A partir de sus experiencias repetidas, el niño va construyendo representaciones sobre sí mismo, los demás y las relaciones. Aprende, por ejemplo, si sus necesidades suelen ser atendidas, si puede pedir ayuda, si merece ser cuidado o si los adultos resultan previsibles.
Bowlby denominó a estas representaciones modelos operativos internos. No son ideas conscientes ni determinan mecánicamente toda la vida futura, pero pueden influir en las expectativas con las que el niño se acerca a nuevas relaciones.
¿Qué aporta Bowlby al aula de Infantil?
Su teoría permite justificar actuaciones como:
Organizar un periodo de acogida progresivo y respetuoso.
Mantener rutinas previsibles de llegada y despedida.
Recibir al niño de manera cálida y personalizada.
Responder con sensibilidad a sus señales de malestar.
Anticipar separaciones y cambios mediante palabras, imágenes o rituales.
Mantener figuras adultas de referencia lo más estables posible.
Permitir la presencia de objetos de transición cuando sean necesarios.
Colaborar estrechamente con las familias.
Ofrecer consuelo sin ridiculizar el llanto ni forzar una separación inmediata.
Facilitar la exploración sin mantener al niño en una dependencia innecesaria.
La maestra puede actuar como una figura afectiva de referencia y ofrecer funciones de base segura dentro del contexto escolar. Esto no significa sustituir a la familia ni diagnosticar el tipo de apego del alumnado.
También conviene evitar un error frecuente: Bowlby formuló la teoría del apego, pero fue Mary Ainsworth quien estudió empíricamente diferentes patrones mediante la situación extraña. La clasificación inicial distinguió apego seguro, evitativo y ambivalente o resistente; el patrón desorganizado fue desarrollado posteriormente por Mary Main y Judith Solomon. No todos estos conceptos deben atribuirse directamente a Bowlby.
Wallon: emoción, cuerpo y relación social forman una unidad
Henri Wallon desarrolló una psicología genética, expresión que hace referencia al origen y evolución de las funciones psicológicas, no a la herencia genética.
Su principal aportación consiste en presentar el desarrollo como un proceso global en el que afectividad, motricidad, cognición y relación social se influyen mutuamente. No es posible comprender al niño separando lo que siente de cómo se mueve, actúa, piensa o se relaciona.
Para Wallon, la emoción y el movimiento constituyen los primeros lenguajes infantiles. Antes de dominar las palabras, el bebé se comunica mediante el tono corporal, el llanto, la sonrisa, la agitación, la calma, la postura y el contacto. Estas manifestaciones movilizan al adulto y generan intercambios que contribuyen a organizar progresivamente la vida psíquica.
Los estadios de Wallon durante los primeros seis años
Estadio impulsivo-emocional: aproximadamente de 0 a 1 año
Durante los primeros meses predominan movimientos poco coordinados y descargas motrices. Progresivamente, expresiones como el llanto o la sonrisa adquieren una función comunicativa.
La emoción conecta al bebé con quienes lo cuidan. El adulto interpreta sus señales, les atribuye significado y responde. Wallon habla de una simbiosis afectiva porque, en este momento, el niño depende profundamente de esa relación para satisfacer sus necesidades y organizar sus estados.
Estadio sensoriomotor y proyectivo: aproximadamente de 1 a 3 años
La adquisición de la marcha y el desarrollo de la manipulación amplían las posibilidades de exploración. El niño actúa sobre los objetos, se desplaza, experimenta y comienza a representar mediante la imitación, el gesto y el juego simbólico.
Wallon utiliza la idea de proyección para explicar que el pensamiento infantil todavía necesita exteriorizarse en la acción. El niño no se limita a pensar antes de actuar: muchas veces piensa mientras se mueve, manipula, imita o representa.
Estadio del personalismo: aproximadamente de 3 a 6 años
Durante este periodo adquiere especial importancia la construcción del yo. Wallon diferencia varias fases:
Oposición: alrededor de los dos años y medio o tres años aparece con fuerza el «no», el deseo de hacer las cosas solo y la resistencia a determinadas indicaciones. No debe interpretarse únicamente como desobediencia, sino como una forma de afirmarse frente al adulto.
Edad de la gracia: aproximadamente entre los tres y cuatro años, busca captar la atención y recibir reconocimiento. Muestra sus habilidades y observa cómo reaccionan los demás.
Imitación de modelos: posteriormente toma como referencia a personas significativas, reproduce papeles y adopta comportamientos que contribuyen a construir su identidad.
Estas fases tampoco constituyen compartimentos cerrados. Wallon entiende el desarrollo como un proceso con cambios, crisis, avances y reorganizaciones.
¿Qué aporta Wallon al aula de Infantil?
Su teoría ayuda al docente a comprender que una emoción siempre tiene una dimensión corporal y relacional. Por ello, la intervención no puede limitarse a pedir al niño que verbalice lo que siente.
Desde este enfoque resulta adecuado:
Observar el gesto, el tono corporal, el movimiento y la postura.
Incorporar experiencias psicomotrices y de expresión corporal.
Utilizar música, danza, dramatización y juego simbólico.
Facilitar diferentes formas de expresar una emoción.
Interpretar la oposición como parte de la construcción del yo.
Ofrecer pequeñas elecciones sin renunciar a límites claros.
Cuidar los modelos de comportamiento que ofrecen los adultos.
Evitar etiquetar al niño como «caprichoso», «desobediente» o «llamativo».
Reconocer que la relación con los demás interviene en la construcción de la personalidad.
Comprender la oposición como una manifestación evolutiva no significa permitir cualquier conducta. Significa responder sin humillar, mantener el límite con calma y ofrecer una vía adecuada para que el niño pueda afirmar su autonomía.
Erikson: confianza, autonomía e iniciativa
Erik Erikson amplió el psicoanálisis al conceder mayor importancia a la influencia del entorno social y cultural. Según su teoría, el desarrollo se organiza en torno a una serie de crisis psicosociales que aparecen a lo largo de toda la vida.
La palabra crisis no hace referencia necesariamente a un acontecimiento traumático. Designa una tensión entre dos posibilidades. La forma en que se afronta cada reto favorece determinadas capacidades o fortalezas personales.
Durante la Educación Infantil resultan especialmente relevantes las tres primeras etapas.
| Etapa aproximada | Conflicto psicosocial | Necesidad principal | Fortaleza asociada |
|---|---|---|---|
| 0-18 meses | Confianza frente a desconfianza | Sentirse protegido y encontrar respuestas previsibles | Esperanza |
| 18 meses-3 años | Autonomía frente a vergüenza y duda | Intentar actuar y tomar pequeñas decisiones | Voluntad |
| 3-6 años | Iniciativa frente a culpa | Proponer, imaginar, jugar y llevar a cabo acciones | Propósito |
Confianza frente a desconfianza
Durante el primer periodo, el niño necesita experimentar que el entorno resulta suficientemente seguro y que sus necesidades encuentran una respuesta sensible y relativamente constante.
La confianza básica no significa creer que nunca ocurrirá nada desagradable. Consiste en desarrollar la expectativa de que, ante el malestar, existen personas disponibles capaces de ayudar.
En la escuela se favorece mediante una acogida cálida, rutinas previsibles, respuestas tranquilas y adultos que cumplen aquello que anticipan.
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Autonomía frente a vergüenza y duda
Con la marcha, el lenguaje y el control progresivo de su cuerpo, el niño quiere participar y hacer las cosas por sí mismo: comer, vestirse, lavarse, elegir un juguete o transportar materiales.
Si encuentra oportunidades ajustadas y ayuda cuando la necesita, desarrolla autonomía y confianza en sus capacidades. Si el adulto lo ridiculiza, se impacienta, lo compara o hace constantemente las cosas en su lugar, puede favorecer sentimientos de vergüenza y duda.
Esto no implica dejarlo actuar sin acompañamiento. La autonomía necesita límites, tiempo, andamiaje y una retirada progresiva de la ayuda.
Iniciativa frente a culpa
Entre los tres y seis años aumenta la curiosidad, aparecen preguntas constantes y el juego simbólico se hace más complejo. El niño propone actividades, inventa historias, asume papeles y trata de intervenir activamente en lo que sucede.
Cuando el adulto escucha sus propuestas y permite que experimente dentro de unos límites seguros, se fortalece la iniciativa. Una censura constante puede hacerle sentir que sus ideas molestan o que intentar algo nuevo es inadecuado.
En el aula podemos favorecerla permitiendo que el alumnado:
Elija entre varias propuestas.
Sugiera soluciones para un problema.
Inicie juegos y asuma diferentes papeles.
Participe en la organización de materiales.
Desempeñe pequeños encargos.
Formule hipótesis y compruebe qué sucede.
Cometa errores sin ser ridiculizado.
Explique sus ideas aunque todavía no estén completamente elaboradas.
Las edades de Erikson son aproximadas y sus conflictos no se resuelven de una vez para siempre. Su teoría debe utilizarse como un marco para comprender necesidades evolutivas, no como una prueba diagnóstica.
Una misma situación explicada por los tres autores
Imaginemos a una niña de dos años y medio que entra en el aula llorando, busca a la maestra y permanece durante unos minutos a su lado. Después se acerca a la zona de juego, intenta ponerse sola un delantal y rechaza la ayuda diciendo: «Yo sola». Finalmente, comienza a representar que prepara comida para sus muñecos.
Cada autor permite interpretar una parte de la escena:
| Autor | Interpretación |
|---|---|
| Bowlby | La niña busca proximidad y consuelo. Cuando recupera la seguridad, utiliza a la maestra como base desde la que volver a explorar. |
| Wallon | El llanto, la proximidad corporal y la oposición comunican su estado emocional. El «yo sola» expresa autoafirmación y el juego simbólico muestra cómo pensamiento y acción continúan unidos. |
| Erikson | Se encuentra en el reto de autonomía frente a vergüenza y duda. Necesita oportunidades para intentarlo sin que el adulto la ridiculice ni haga inmediatamente la tarea por ella. |
La respuesta educativa podría consistir en acoger su malestar, permanecer disponible, ofrecer una ayuda limitada y decir: «Puedes intentarlo y, si lo necesitas, te ayudo con la cinta». Una sola intervención reúne seguridad, reconocimiento emocional y apoyo a la autonomía.
Cómo utilizar estos autores en el Tema 3 de las oposiciones
Nombrar autores no aporta calidad si sus teorías aparecen desconectadas de la idea que se está defendiendo. Una referencia bien integrada debería contener cuatro elementos:
La necesidad o proceso evolutivo que quieres explicar.
El concepto concreto del autor.
Su manifestación observable en el niño.
La consecuencia para la intervención educativa.
Un ejemplo de redacción sería: Durante el periodo de adaptación, la intervención debe priorizar la creación de relaciones estables y predecibles. Desde la teoría del apego de Bowlby, la disponibilidad de una figura sensible proporciona al niño una base segura desde la que puede comenzar a explorar el nuevo entorno. Esta seguridad debe combinarse con oportunidades de autonomía, pues, como señala Erikson, entre el primer y el tercer año adquiere especial importancia el conflicto entre autonomía, vergüenza y duda. A su vez, Wallon permite comprender que el llanto, la tensión corporal o la oposición constituyen formas de comunicación y autoafirmación que deben ser interpretadas y acompañadas, no castigadas de manera automática.
No necesitas incluir siempre a los tres autores. Debes seleccionar aquel que justifique mejor la decisión planteada: Bowlby para hablar de apego, separación, adaptación, seguridad y exploración. Wallon para relacionar emoción, cuerpo, psicomotricidad, oposición, imitación y construcción del yo. Erikson para justificar confianza, autonomía, iniciativa, autoestima y respuesta adulta ante los errores.
Puedes completar esta forma de trabajar consultando la guía sobre cómo personalizar tu temario de oposiciones de Educación Infantil y el artículo dedicado a relacionar los 25 temas de las oposiciones de Infantil.
Errores frecuentes al estudiar a Bowlby, Wallon y Erikson
El primer error consiste en memorizar etapas sin comprender la aportación central de cada autor. El tribunal no necesita una lista de edades, sino una explicación coherente del desarrollo infantil.
El segundo es presentar las edades como fronteras exactas. El desarrollo depende de la maduración, la experiencia y el contexto. Las etapas son referencias aproximadas.
El tercero es convertir las teorías en diagnósticos. Una separación difícil no permite afirmar que existe un apego inseguro, ni una conducta de oposición demuestra un problema de personalidad.
El cuarto es atribuir a Bowlby toda la clasificación de los patrones de apego sin mencionar las aportaciones posteriores de Ainsworth, Main y Solomon.
El quinto es reducir a Wallon a una teoría de la motricidad. Su aportación fundamental es la integración de emoción, cuerpo, cognición y relación social.
El sexto es interpretar las crisis de Erikson como trastornos. Son tensiones evolutivas que permiten construir nuevas capacidades.
El último es citar al autor y no extraer ninguna consecuencia educativa. Después de cada aportación debería quedar claro qué cambia en la forma de observar, organizar o acompañar al alumnado.
Preguntas frecuentes
¿Qué autor explica el apego infantil?
John Bowlby formuló la teoría del apego. Defendió que el vínculo con las figuras protectoras proporciona seguridad y funciona como base para explorar. Mary Ainsworth amplió empíricamente su teoría mediante el estudio de los patrones de apego.
¿Qué diferencia existe entre Bowlby y Erikson?
Bowlby se centra en el sistema de apego y en la relación con las figuras de cuidado. Erikson analiza retos psicosociales más amplios. Ambos hablan de seguridad, pero Bowlby la explica desde el vínculo de apego y Erikson desde la construcción de la confianza básica.
¿Quién explica la fase del «no»?
Wallon interpreta la oposición como una forma de autoafirmación dentro del personalismo. Erikson permite relacionarla con la búsqueda de autonomía frente a la vergüenza y la duda. Son explicaciones diferentes, pero compatibles.
¿Puede la maestra convertirse en una figura de apego?
En el contexto escolar puede establecer una relación afectiva significativa y actuar como figura de referencia, ofreciendo consuelo, disponibilidad y seguridad. No sustituye a las figuras familiares ni debe utilizar los patrones de apego para etiquetar o diagnosticar al alumnado.
¿Siguen siendo útiles estas teorías?
Sí, siempre que no se presenten como explicaciones únicas, universales o deterministas. Continúan siendo marcos valiosos para comprender la seguridad, la emoción, la identidad, la autonomía y la iniciativa, pero deben complementarse con conocimientos actuales y con una observación individualizada.
Tres autores, tres miradas complementarias
Bowlby, Wallon y Erikson no ofrecen tres versiones idénticas del desarrollo afectivo infantil. Cada autor ilumina una parte diferente del proceso.
Bowlby nos recuerda que la seguridad precede a la exploración. Wallon muestra que el niño se construye mediante la emoción, el cuerpo y la relación con los demás. Erikson explica que la confianza, la autonomía y la iniciativa dependen también de cómo responde el entorno a los intentos infantiles.
Llevadas al aula, estas aportaciones conducen a una misma orientación: crear relaciones estables, observar con sensibilidad, poner límites sin humillar, ofrecer oportunidades reales de participación y confiar en las capacidades de cada niño.
Si estás preparando este contenido para las oposiciones, puedes consultar el ejemplo de introducción para el Tema 3 y acceder al Tema 3 completo sobre personalidad y desarrollo afectivo infantil, actualizado para preparar esta parte del temario con una estructura desarrollada y aplicable al examen.
Bibliografía básica
Bowlby, J. (1982). Attachment and Loss. Vol. 1: Attachment. Basic Books. Obra original publicada en 1969.
Bowlby, J. (1988). A Secure Base: Parent-Child Attachment and Healthy Human Development. Basic Books.
Erikson, E. H. (1993). Childhood and Society. W. W. Norton. Obra original publicada en 1950.
Wallon, H. (2000). La evolución psicológica del niño. Crítica. Obra original publicada en 1941.
Marchesi, A., Palacios, J. y Coll, C. (coords.) (2014). Desarrollo psicológico y educación. Psicología evolutiva. Alianza Editorial.

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