Las oposiciones al Cuerpo de Maestros celebradas en Asturias en 2026 han dejado una de las noticias educativas más comentadas de la convocatoria. Tras conocerse el elevado número de suspensos en la primera prueba, la Consejería de Educación señaló las faltas de ortografía, los errores sintácticos y los problemas de comprensión lectora como algunas de las causas más relevantes de los malos resultados.
Sin embargo, lo que terminó convirtiendo la noticia en un fenómeno viral fueron algunos de los errores atribuidos a determinados exámenes. Entre las palabras que habrían aparecido escritas incorrectamente se encontraban «acer» en lugar de «hacer», «boy» por «voy», «colavoracion» por «colaboración», «coheducacion» y «a de ser» en vez de «ha de ser».
La aparición de estas faltas en unas pruebas destinadas a seleccionar a futuros maestros provocó sorpresa, indignación y un intenso debate en las redes sociales. Pero detrás de los titulares llamativos existe una polémica mucho más compleja sobre la preparación de los aspirantes, los criterios de corrección y la transparencia de las oposiciones docentes.
Unas cifras que encendieron la polémica
La controversia comenzó después de publicarse los resultados de la primera prueba. De las 6.014 personas admitidas en el procedimiento selectivo, 2.430 no llegaron a completar el examen, bien porque no se presentaron o porque abandonaron el aula durante los primeros minutos.
Finalmente, 3.584 aspirantes realizaron la prueba completa y solamente 1.314 consiguieron superarla. Esto significa que aprobó aproximadamente el 36,66 % de quienes terminaron el ejercicio, una cifra que despertó numerosas críticas y dudas entre opositores y organizaciones sindicales.
Las protestas no tardaron en aparecer. Algunas personas afectadas cuestionaron las calificaciones y solicitaron conocer con mayor detalle cómo se habían corregido sus ejercicios. Ante esta situación, la Consejería de Educación del Principado de Asturias defendió públicamente el trabajo de los tribunales y ofreció su explicación sobre el elevado número de suspensos.
Según la Administración, las faltas de ortografía constituyeron una de las causas más relevantes de las bajas calificaciones. Los tribunales también habrían detectado una preparación insuficiente en parte de los aspirantes, un uso incorrecto de los signos de puntuación, errores de sintaxis y dificultades para comprender correctamente los enunciados.
Las faltas que hicieron viral la noticia
La Consejería no publicó una relación oficial con las palabras mal escritas. Los ejemplos concretos fueron difundidos por La Voz de Asturias a partir de fuentes que habían tenido acceso a la corrección de los ejercicios.
Entre las incorrecciones señaladas aparecían:
«Acer», en lugar de «hacer».
«Boy», en lugar de «voy».
«Colavoracion», en vez de «colaboración».
«Coheducacion», como forma incorrecta de «coeducación».
«A de ser», cuando correspondía escribir «ha de ser».
De acuerdo con las fuentes consultadas por el periódico, no se habría tratado únicamente de algún despiste aislado provocado por los nervios. Durante la corrección también se detectaron otros problemas relacionados con la expresión escrita, la construcción de las frases, la puntuación y la capacidad para responder exactamente a lo que planteaba el ejercicio.
La noticia resultó especialmente llamativa porque los aspirantes estaban compitiendo por una plaza como maestros. Una parte esencial de su futuro trabajo consistirá precisamente en enseñar a leer y escribir, corregir producciones escritas y ayudar al alumnado a desarrollar su competencia comunicativa. Por ese motivo, errores que en otro proceso selectivo podrían pasar más desapercibidos adquirieron una enorme repercusión pública.
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¿Un error provocado por los nervios o una falta de preparación?
Cualquier persona que haya realizado una oposición conoce la presión que se vive durante el examen. El tiempo es limitado, se escriben muchas páginas a mano y los nervios pueden provocar tachones, olvidos de tildes o errores que probablemente no se cometerían en condiciones normales.
No es lo mismo redactar tranquilamente frente a un ordenador, con la posibilidad de revisar el texto, que desarrollar un tema y resolver un supuesto práctico durante varias horas, bajo una gran tensión y sabiendo que una plaza puede depender de cada palabra.
Sin embargo, existe una diferencia considerable entre olvidar una tilde ocasionalmente y escribir palabras de uso habitual como «hacer», «voy» o «colaboración» con errores graves. Por ello, la polémica no se centró solamente en si debía penalizarse la ortografía, sino en cuál es el nivel mínimo de competencia lingüística que debe exigirse a una persona que aspira a trabajar como docente.
Las bases de la convocatoria contemplaban expresamente la penalización de las faltas ortográficas. Los aspirantes conocían, por tanto, que la corrección lingüística formaba parte de la evaluación y que determinados errores podían reducir su calificación. La Consejería insistió en que los tribunales siguieron los criterios establecidos y aseguró que sus integrantes habían corregido los ejercicios con generosidad e indulgencia.
El problema no era solamente la ortografía
Uno de los aspectos más interesantes de la noticia es que el debate no se limita a unas cuantas palabras mal escritas. Las fuentes relacionadas con la corrección también señalaron dificultades de comprensión lectora.
Algunos aspirantes parecían llevar un tema memorizado y trataban de reproducirlo aunque no respondiera exactamente a la pregunta planteada. En determinados ejercicios, las respuestas no guardaban suficiente relación con el enunciado o dejaban sin desarrollar cuestiones esenciales.
Esta situación refleja uno de los errores más frecuentes en las oposiciones docentes: preparar contenidos para repetirlos de memoria sin entrenar adecuadamente la capacidad de interpretar, seleccionar, relacionar y aplicar la información.
Un tribunal no evalúa únicamente cuántas páginas escribe una persona ni cuántos autores o leyes consigue mencionar. También debe comprobar si comprende lo que se le pregunta, si organiza correctamente sus ideas y si es capaz de construir una respuesta coherente.
Por eso, un tema aparentemente bien aprendido puede recibir una calificación baja cuando no responde a la demanda concreta del ejercicio.
Los sindicatos reclaman más transparencia
La explicación de la Consejería no convenció completamente a las organizaciones sindicales. CCOO y CSIF centraron sus críticas en la dificultad que encontraban los aspirantes para revisar sus exámenes y conocer detalladamente la aplicación de los criterios de evaluación antes de que continuara el procedimiento.
Los sindicatos reclamaron mayor transparencia, acceso a los ejercicios corregidos, publicación de las rúbricas, conocimiento de las actas de calificación y un sistema que permitiera revisar las pruebas antes de quedar definitivamente fuera del proceso.
Suatea, por su parte, expresó su apoyo a los docentes que integraban los tribunales y rechazó que la frustración por los suspensos se transformara en ataques personales contra quienes habían corregido los ejercicios. Aun así, también consideró necesario introducir mejoras, como facilitar la revisión de los exámenes y publicar con mayor claridad las rúbricas utilizadas.
La polémica presenta, por tanto, dos debates diferentes. El primero se refiere al nivel de preparación y competencia escrita de algunos aspirantes. El segundo afecta a las garantías del proceso y al derecho de las personas suspendidas a saber cómo y por qué han recibido una determinada calificación.
Ambas cuestiones pueden ser ciertas al mismo tiempo: puede haber exámenes con faltas graves y, además, resultar necesario mejorar la transparencia del sistema.
No todos los opositores escriben así
Los ejemplos de «acer», «boy» o «colavoracion» han conseguido captar la atención del público, pero sería injusto utilizarlos para desacreditar a todas las personas que se presentaron a las oposiciones.
Miles de aspirantes dedican años a preparar estas pruebas, compatibilizan el estudio con el trabajo y las responsabilidades familiares, dominan la normativa educativa y elaboran propuestas didácticas de gran calidad. Los errores difundidos corresponden a algunos ejercicios y no permiten afirmar que representen el nivel general de todas las personas opositoras.
De hecho, una parte de la controversia surgió precisamente porque algunos sectores consideraron que la Administración estaba utilizando los casos más extremos para justificar el elevado porcentaje de suspensos y desviar la atención de las críticas al procedimiento.
La noticia debe servir para reflexionar, no para ridiculizar indiscriminadamente a quienes no consiguieron aprobar.
Una advertencia para las próximas oposiciones
Lo ocurrido en Asturias deja una enseñanza evidente para quienes estén preparando futuras convocatorias: la ortografía también puede decidir una plaza.
No basta con dominar la legislación, memorizar los temas o diseñar una intervención didáctica innovadora. El examen debe estar escrito con claridad, corrección y coherencia. Una buena idea pierde fuerza cuando aparece rodeada de frases confusas, puntuación deficiente o faltas ortográficas.
Por ello, la preparación debería incluir simulacros escritos a mano, revisión de los errores más frecuentes, entrenamiento de la comprensión de enunciados y práctica para responder exactamente a lo solicitado. También resulta recomendable reservar los últimos minutos para releer el ejercicio, aunque la presión del tiempo invite a escribir hasta el último segundo.
Las palabras «acer», «boy» y «colavoracion» han convertido estas oposiciones en noticia nacional. Pero la verdadera cuestión va mucho más allá de la anécdota: ¿qué nivel de expresión escrita debe exigirse a quienes tendrán la responsabilidad de enseñar a las próximas generaciones?
La respuesta parece clara. La ortografía no debería ser el único elemento para valorar a un buen docente, pero tampoco puede considerarse un aspecto secundario cuando se aspira a ejercer una profesión en la que el lenguaje constituye una herramienta fundamental.

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