Durante meses, miles de aspirantes a las oposiciones de Educación Infantil dedican innumerables horas a estudiar, resumir y memorizar los 25 temas que componen el temario oficial de la especialidad. Conocen teorías sobre el desarrollo infantil, reproducen definiciones pedagógicas y aprenden referencias legislativas con el objetivo de demostrar sus conocimientos ante un tribunal. Sin embargo, esta preparación plantea una pregunta que merece una reflexión profunda: ¿memorizar correctamente un temario garantiza disponer de las competencias necesarias para ejercer la docencia? La respuesta no es sencilla, porque enseñar requiere conocimientos científicos y pedagógicos, pero también capacidad de observación, sensibilidad educativa, creatividad y habilidades para responder a situaciones que difícilmente pueden reproducirse en un examen escrito.

El debate sobre la memorización llega a las oposiciones

El 23 de octubre de 2025, el periódico El País publicó el reportaje «Cuando memorizar ya no basta: por qué urge repensar las oposiciones en España», firmado por Nacho Meneses. El artículo recoge testimonios de personas opositoras y especialistas que cuestionan el predominio de las pruebas memorísticas en determinados procesos de acceso al empleo público. Entre ellos, el profesor interino de Educación Física Jorge Martín relata cómo una preparación exhaustiva no siempre se traduce en los resultados esperados. Por su parte, Carles Ramió, catedrático de Ciencias Políticas y de la Administración, defiende la necesidad de valorar también las capacidades prácticas, comunicativas y de adaptación. Aunque el reportaje analiza diferentes profesiones, sus planteamientos permiten reflexionar sobre el modelo de selección del profesorado de Educación Infantil.

Saber un tema no significa necesariamente saber enseñar

En Educación Infantil, los conocimientos teóricos constituyen una parte indispensable de la formación docente. Comprender el desarrollo cognitivo, la adquisición del lenguaje, la evolución psicomotriz o la importancia del juego permite fundamentar las decisiones educativas y diseñar intervenciones adaptadas a las necesidades del alumnado. Sin embargo, conocer perfectamente las aportaciones de Piaget, Vygotsky o Bruner no garantiza que una persona sepa intervenir adecuadamente ante un conflicto entre niños, identificar posibles dificultades del desarrollo o acompañar emocionalmente a un menor durante su periodo de adaptación. Estas situaciones requieren interpretar el contexto, tomar decisiones fundamentadas y ajustar continuamente la intervención pedagógica. La cuestión no consiste en elegir entre teoría y práctica, sino en comprender que ambas deben complementarse para construir una verdadera competencia profesional.

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¿Qué estamos evaluando realmente en las oposiciones de Educación Infantil?

El actual procedimiento selectivo no se limita exclusivamente a memorizar contenidos, ya que también contempla pruebas prácticas y la demostración de aptitudes pedagógicas, de acuerdo con el Real Decreto 276/2007 y las correspondientes convocatorias. No obstante, el desarrollo escrito de un tema continúa teniendo un peso importante y exige una preparación específica. Esta circunstancia puede favorecer a quienes dominan las técnicas de estudio, poseen una buena expresión escrita y consiguen reproducir ordenadamente los conocimientos adquiridos. Son habilidades valiosas, pero no abarcan por completo la complejidad del trabajo docente. Una evaluación verdaderamente integral debería permitir comprobar también cómo se aplican esos conocimientos al diseño de situaciones de aprendizaje, la atención a la diversidad, la comunicación con las familias y la resolución de problemas educativos.

Una contradicción con la metodología que defendemos en Infantil

Existe una paradoja especialmente interesante: mientras las oposiciones exigen memorizar numerosos contenidos, la propia normativa educativa establece que el aprendizaje infantil debe fundamentarse en experiencias significativas, emocionalmente positivas, la experimentación y el juego. Así lo recoge el Real Decreto 95/2022, de 1 de febrero, que regula las enseñanzas mínimas de Educación Infantil. Esta orientación reconoce al alumnado como protagonista activo de su aprendizaje y concede especial importancia a la exploración, la interacción y la construcción progresiva de conocimientos. Por ello, resulta razonable preguntarse si la preparación de quienes van a desarrollar estas metodologías debería conceder mayor protagonismo a la comprensión, el razonamiento pedagógico y la aplicación práctica, sin renunciar al estudio riguroso de los fundamentos teóricos.

La verdadera finalidad de una oposición docente

El debate abierto por El País invita a reflexionar sobre cómo seleccionar profesionales capaces de responder a las necesidades educativas actuales, sin perder las garantías de igualdad, mérito, capacidad y transparencia. Incorporar una evaluación más competencial podría enriquecer los procedimientos selectivos, siempre que se establezcan criterios claros que eviten valoraciones arbitrarias. Mientras tanto, quienes preparan Educación Infantil deben afrontar las pruebas vigentes con una formación equilibrada que combine estudio, comprensión y aplicación pedagógica. Desde Oposición Infantil consideramos fundamental que la preparación de los temas contribuya también a desarrollar competencias útiles para la futura práctica docente. Porque memorizar 25 temas puede demostrar una importante capacidad de estudio, pero lo que verdaderamente define a un buen maestro o maestra es saber transformar esos conocimientos en oportunidades de aprendizaje para cada niño y cada niña.