Si llevas tiempo preparando oposiciones de Educación Infantil, esta pregunta no te resulta ajena. Aparece en academias, en grupos de Telegram, en pasillos de sedes de examen y, sobre todo, después de publicar las notas. “Aquí hay enchufe”, “ya venían dados”, “el tribunal tenía a sus favoritos”. No es casualidad. Es la reacción natural de un proceso largo, exigente y emocionalmente muy costoso.
El opositor de Infantil suele llegar a la convocatoria con una mochila cargada: años de estudio, conciliación complicada, presión familiar, inseguridad constante y la sensación de que una sola defensa oral puede tirar por tierra todo el trabajo previo. Cuando el resultado no acompaña, el cerebro busca una explicación rápida que alivie el golpe. El “enchufe” se convierte entonces en un relato tranquilizador.
Aquí conviene separar dos planos. Uno es la percepción emocional, absolutamente comprensible. Otro es la realidad administrativa y evaluadora del proceso. Confundir ambos planos es el primer error que impide mejorar resultados en convocatorias futuras.
Cuando un opositor habla de enchufe, en realidad suele estar mezclando tres cosas distintas: subjetividad del tribunal, falta de comprensión de los criterios de evaluación y comparación con otros aspirantes sin información completa. Entender esta diferencia es clave para dejar de sentirse indefenso y empezar a opositar con estrategia.
Cómo funciona un tribunal de Educación Infantil en la práctica
El tribunal no es una entidad abstracta ni un bloque homogéneo. Está formado por docentes funcionarios que, en la mayoría de los casos, no han elegido estar ahí y que deben aplicar unos criterios de evaluación previamente establecidos. No evalúan “a quien les cae bien”, sino evidencias concretas dentro de un marco normativo y técnico.
Cada miembro del tribunal tiene un rol, una experiencia profesional distinta y una manera particular de interpretar la documentación y las defensas orales. Esto no significa arbitrariedad absoluta, pero sí implica que la evaluación nunca es matemática. En Infantil se valoran elementos complejos: coherencia pedagógica, capacidad comunicativa, dominio del currículo, viabilidad de propuestas, atención a la diversidad, enfoque competencial.
Legalmente, el tribunal no puede valorar afinidades personales, conocimiento previo del opositor ni aspectos ajenos a la prueba. Tampoco puede inventar criterios. Pero sí interpreta cómo se cumplen esos criterios, y ahí aparece el margen humano que muchos opositores confunden con enchufe.
La subjetividad empieza donde acaba el papel. En la defensa oral, por ejemplo, no basta con “tenerlo bien”. Hay que hacer visible lo evaluable, verbalizar decisiones didácticas y facilitar que el tribunal identifique rápidamente los indicadores que está buscando. Cuando esto no ocurre, el tribunal no puntúa intenciones, solo evidencias.
Subjetividad del tribunal: lo que es legal y lo que no
La palabra subjetividad suele usarse como sinónimo de injusticia, y no es lo mismo. La subjetividad es inevitable en cualquier evaluación compleja, especialmente en pruebas orales. Lo ilegal no es la subjetividad, sino la arbitrariedad.
Los criterios de evaluación existen y son públicos, pero no funcionan como una lista de comprobación mecánica. Dos opositores pueden cumplirlos de forma distinta, con niveles de claridad, profundidad y coherencia muy diferentes. Por eso no obtienen la misma nota.
Hay elementos que siempre tendrán un componente subjetivo: claridad expositiva, estructura del discurso, coherencia entre programación y situaciones de aprendizaje, seguridad profesional. El tribunal valora cómo integras todo eso, no solo si lo mencionas.
Lo que no es legal es puntuar aspectos no recogidos en los criterios, penalizar por razones personales o favorecer a alguien por vínculos externos. Pero que un tribunal conecte mejor con una defensa bien estructurada que con otra confusa no es enchufe, es evaluación profesional.
¿Existe el “enchufe” como tal en las oposiciones de Infantil?
Esta es la pregunta incómoda y conviene responderla con precisión. El “enchufe” entendido como plazas adjudicadas de antemano a personas concretas no es el funcionamiento habitual del sistema. No porque sea moralmente reprobable, sino porque es extremadamente arriesgado y fácilmente impugnable.
Ahora bien, hay que diferenciar conceptos. No todo lo que parece enchufe lo es. A veces se confunde con favoritismo profesional, afinidad metodológica o simplemente mejor desempeño en pruebas clave. Un opositor que domina el lenguaje técnico, ajusta su discurso a los criterios y facilita la evaluación tiene ventaja real, no enchufe.
Sí existen irregularidades, pero no son la norma ni afectan de forma masiva a las convocatorias. Cuando se producen, suelen estar relacionadas con errores procedimentales, no con redes de favoritismo sistemático.
El problema es que muchos opositores llaman enchufe a lo que en realidad es desconocimiento del proceso evaluador. Y mientras se mantenga ese relato, no se corrige lo que realmente penaliza.
Casos documentados de irregularidades en la fase de oposición
Existen casos documentados de irregularidades, y negarlo sería ingenuo. Han ocurrido situaciones como aplicación incorrecta de criterios, falta de motivación en calificaciones, errores en correcciones o incumplimiento de procedimientos formales.
Cuando estas irregularidades se prueban, las consecuencias son claras: repetición de pruebas, revisión de notas o incluso anulación parcial del proceso. Pero hay que subrayar algo importante: son casos excepcionales, no el funcionamiento ordinario del sistema.
La mayoría de reclamaciones no prosperan porque no demuestran irregularidad, sino desacuerdo con la nota. Y eso no es suficiente. El tribunal no está obligado a justificar cada décima si ha aplicado correctamente los criterios.
Errores habituales del opositor que alimentan el mito del enchufe
Uno de los errores más comunes es pensar que “llevarlo bien preparado” es suficiente. Preparado para quién y para qué criterios. El tribunal no evalúa esfuerzo, evalúa evidencias.
Otro error es no entender qué se está valorando realmente en cada prueba. Muchos opositores trabajan contenidos, pero no trabajan evaluabilidad. No hacen explícitas sus decisiones didácticas ni conectan con los criterios de corrección.
También es frecuente compararse con otros opositores sin información real. Ver a alguien aprobar no significa que tuviera enchufe. Significa que, en ese tribunal y en esa convocatoria, su propuesta encajó mejor con lo que se evaluaba.
Qué sí está en tu control para neutralizar la subjetividad
Aquí está la parte clave. No puedes controlar quién te evalúa, pero sí puedes controlar cómo te evalúan. Una programación alineada con criterios, clara, coherente y defendible reduce enormemente la subjetividad negativa.
La defensa oral es decisiva. No se trata de lucirse, sino de facilitar el trabajo al tribunal. Estructura clara, lenguaje profesional, referencias explícitas a evaluación, atención a la diversidad y DUA, coherencia interna. Cuando el tribunal ve claro qué puntuar, puntúa.
Otro elemento crítico es la estrategia. Opositar no es solo saber de Infantil, es saber opositar a Infantil. Quien entiende esto deja de hablar de enchufe y empieza a hablar de margen de mejora.
Consejo PRO: El tribunal no busca al mejor maestro en abstracto, busca al opositor que mejor demuestra, en ese formato concreto, que cumple los criterios.
Cuándo tiene sentido reclamar y cuándo no
Reclamar no es un derecho emocional, es un recurso administrativo. Tiene sentido cuando hay errores claros: criterios no aplicados, incoherencias evidentes, incumplimientos formales. No cuando simplemente no gusta la nota.
Muchas reclamaciones fracasan porque se basan en sensaciones, no en hechos. Además, reclamar sin base sólida desgasta emocionalmente y desvía energía de lo verdaderamente importante: mejorar para la siguiente convocatoria.
Saber cuándo no reclamar también es una forma de madurez opositora.
La verdad incómoda: lo que nadie te dice sobre aprobar Infantil
Aprobar no depende solo de ser buen maestro. Depende de ser buen opositor. Esto incluye entender al tribunal, hablar su lenguaje, ajustar tu propuesta al marco evaluador y asumir que la subjetividad existe, pero no es una excusa.
El opositor que se queda en el relato del enchufe se paraliza. El que entiende el sistema, lo utiliza a su favor. Esa diferencia marca plazas.
La mentalidad que maximiza opciones reales no es la que busca culpables externos, sino la que se pregunta qué puede hacer mejor en la próxima defensa.
Conclusión: resumen operativo y siguiente paso
¿Existe el enchufe en las oposiciones de Educación Infantil? Como mito generalizado, no. ¿Existen irregularidades puntuales y subjetividad? Sí. Pero centrar tu preparación en combatir fantasmas te aleja de lo único que importa: hacerte evaluable y competitivo.
El siguiente paso accionable es claro: revisa tu programación y tu defensa desde el punto de vista del tribunal. Pregúntate qué evidencias estás mostrando y cuáles estás dando por supuestas. Ahí suele estar la diferencia entre suspender y aprobar.



0 Comentarios
Emoji