Cuando una nota excelente no basta
Saqué un 9,5. Lo escribo y todavía noto una mezcla rara en el cuerpo. Durante mucho tiempo pensé que una nota así sería sinónimo de plaza, de descanso, de llamada llorando a mi familia y de final feliz. Pensé que si hacía una buena defensa, si mi programación tenía sentido, si demostraba que entendía la Educación Infantil y si el tribunal valoraba mi trabajo, todo tendría que acabar bien. Pero no fue así. Saqué un 9,5 y me quedé sin plaza por el baremo.
Ese día entendí una de las verdades más difíciles de las oposiciones: hacerlo muy bien no siempre significa conseguir plaza. Y cuesta aceptarlo, porque durante meses estudias creyendo que el esfuerzo tendrá una traducción más o menos directa. Más preparación, mejor nota, más posibilidades. Y sí, en parte es así. Pero el sistema no mira solo tu examen. También mira méritos, experiencia, formación y baremo. Y esa parte puede pesar mucho.
No voy a suavizarlo: dolió. No fue una decepción pequeña. Fue rabia, cansancio, impotencia y una sensación muy profunda de injusticia. Porque cuando suspendes puedes decirte que necesitas mejorar, que faltó práctica, que la defensa no salió como querías o que el supuesto no estuvo bien enfocado. Pero cuando sacas un 9,5, el golpe es distinto. No puedes decirte que no estabas preparada. Lo estabas. Y aun así, no llegó.
Si estás leyendo esto porque te ha pasado algo parecido, quiero decirte algo claro: tu dolor tiene sentido. No estás exagerando. No eres ingrato/a por sentir rabia. No eres débil por no poder alegrarte del todo cuando alguien te dice “pero has sacado una notaza”. Claro que es una notaza. Claro que tiene valor. Pero quedarse sin plaza después de rozarla también duele.
Lo que nadie te prepara para sentir
Cuando preparas oposiciones de Educación Infantil, te preparas para estudiar temas, diseñar una programación, resolver supuestos, hablar de atención a la diversidad, explicar la evaluación, justificar metodologías, integrar el DUA y defender tu propuesta ante un tribunal. Te preparas para los nervios, para la posibilidad de suspender y para la incertidumbre de la convocatoria. Pero casi nadie te prepara para sacar una nota altísima y quedarte fuera.
Porque ese golpe no es el de “me salió mal”. Es el golpe de “me salió bien y aun así no bastó”. Y eso descoloca muchísimo. Si el examen hubiera sido un desastre, quizá el relato sería más sencillo. Pero cuando tu actuación ha sido buena, cuando sabes que has respondido, que has defendido, que has estado a la altura, el resultado cuesta más de encajar. No sientes que hayas fracasado, pero tampoco puedes celebrar como esperabas.
La gente intenta ayudarte. Te dicen: “tienes que estar orgullosa”, “con esa nota lo tienes cerca”, “has demostrado que puedes”, “peor sería haber suspendido”. Y muchas de esas frases son ciertas. Pero en ese momento no consuelan del todo. Porque tú no estás solo triste por una nota. Estás haciendo duelo por una vida que ya habías empezado a imaginar.
Te imaginabas entrando al aula con otra tranquilidad. Te imaginabas cerrando una etapa de estudio. Te imaginabas descansando sin culpa. Te imaginabas celebrando con tu gente. Y, de pronto, todo eso se aplaza. La nota está ahí, brillante, pero la plaza no. Y esa contradicción pesa.
Ahí también aparece la comparación. Comparas baremos, experiencia, cursos, méritos, posiciones en la lista. Comparas tu nota con la de otras personas. Comparas historias que no conoces del todo. Y aunque sabes racionalmente que cada opositor/a tiene su recorrido, emocionalmente cuesta. Porque una parte de ti piensa: “si con un 9,5 no ha sido suficiente, ¿qué más tengo que hacer?”
La rabia también forma parte del proceso
Durante mucho tiempo se nos ha pedido a los opositores/as que seamos fuertes de una forma poco humana. Que aceptemos, que no nos quejemos demasiado, que entendamos las reglas, que volvamos a estudiar y que sigamos adelante. Y sí, hay que entender las reglas. El baremo forma parte del proceso y conviene conocerlo. Pero entenderlo no significa que no duela. Aceptarlo no significa que no puedas sentir rabia.
Yo sentí rabia. La sentí al mirar la lista. La sentí al hacer números. La sentí al recordar los fines de semana encerrada, las renuncias, los repasos, los simulacros y la defensa oral repetida una y otra vez. La sentí porque había hecho una oposición muy buena y, aun así, estaba fuera. Y durante unas horas no quise convertir esa rabia en aprendizaje. No quise ser ejemplar. No quise buscar una frase bonita. Solo quise llorar.
Y creo que eso también hay que decirlo: antes de levantarte, a veces necesitas permitirte caer. No para quedarte ahí, sino para no fingir. Porque si intentas pasar demasiado rápido a la fase de “todo pasa por algo”, puedes dejar dentro una herida mal cerrada. Hay momentos en los que lo más sano es reconocer: esto me ha dolido, esto me parece injusto, esto no era lo que esperaba y hoy no puedo verle el lado positivo.
La rabia no es el problema. El problema es dejar que se convierta en tu casa. Durante unos días puede ayudarte a sacar el dolor y a no minimizar lo que ha pasado. Pero si se queda demasiado tiempo, empieza a endurecerte. Empiezas a mirar la oposición con resentimiento, a desconfiar de todo y a sentir que nada merece la pena. Y ahí la rabia deja de protegerte y empieza a consumirte.
Date permiso para sentir rabia, pero no le entregues la dirección de tu futuro. La rabia puede acompañarte unos días; no debería decidir tu próxima convocatoria.
Cómo me levanté de la cama al día siguiente
El día siguiente fue extraño. Me desperté con esa sensación de haber dormido, pero no haber descansado. Durante unos segundos, antes de recordar, hubo silencio. Luego volvió todo: el 9,5, la lista, el baremo, la plaza que no llegó. Me quedé mirando al techo y pensé que no quería levantarme. No porque no pudiera físicamente, sino porque levantarme significaba aceptar que la vida seguía.
No me levanté con fuerza. Esto también quiero contarlo. A veces imaginamos la resiliencia como una escena perfecta: alguien se mira al espejo, respira hondo y decide volver más fuerte. Mi realidad fue mucho menos épica. Me levanté despacio. Me lavé la cara. Preparé café. Miré el móvil y lo dejé boca abajo. No quería abrir grupos, ni leer mensajes, ni escuchar análisis, ni recibir frases hechas.
Lo primero que hice fue escribir una frase en una libreta: “mi nota no me dio plaza, pero sí me dio información”. En ese momento no me consoló del todo, pero me ayudó a ordenar un poco el caos. Porque un 9,5 decía algo. Decía que mi preparación tenía nivel. Decía que mi programación funcionaba. Decía que mi defensa oral había llegado. Decía que no era incapaz. Decía que, aunque el baremo me hubiera dejado fuera, yo había demostrado competencia.
Después escribí otra frase: “no he perdido todo; he perdido esta plaza en esta convocatoria”. Parece un matiz pequeño, pero para mí fue importante. Cuando estás hundida, tu cabeza habla en absolutos: “nunca lo conseguiré”, “todo ha sido para nada”, “si con esta nota no entro, no entraré nunca”. Pero esas frases no son análisis. Son dolor hablando. Y el dolor tiene derecho a hablar, pero no siempre dice la verdad completa.
Ese día no estudié. Y no me sentí culpable. Mi tarea no era volver al temario como si nada. Mi tarea era sostenerme. Comer algo. Salir a caminar. Hablar con una persona de confianza. No hacer números cada diez minutos. No desmontar mi programación por rabia. No convertir la cama en un tribunal.
A veces levantarte al día siguiente no significa volver a estudiar. A veces significa simplemente no romperte más.
Lo que aprendí de ese 9,5 sin plaza
Con el tiempo pude mirar el resultado con algo más de perspectiva. No sin dolor, pero sí con más claridad. Ese 9,5 me enseñó que en una oposición hay dos planos que conviene separar: tu desempeño y el resultado final. Están relacionados, pero no son lo mismo. Tu desempeño puede ser excelente y el resultado no darte plaza. Eso no invalida tu trabajo. Lo hace más difícil de digerir, sí, pero no lo invalida.
También aprendí que el baremo no es un detalle menor. Muchas personas opositoras preparan la fase de oposición como si fuera lo único que importara, y luego descubren el peso de los méritos cuando ya están en la lista. No voy a entrar en normativa concreta porque cada comunidad autónoma y convocatoria puede tener criterios propios. Pero sí diré algo general: conviene conocer el baremo desde el principio.
No para obsesionarte, sino para tener una visión realista. Saber de dónde partes. Saber qué depende de ti ahora. Saber qué puedes mejorar a medio plazo. Saber qué parte corresponde al examen y qué parte corresponde a méritos. Esa información no debe desanimarte, pero sí ayudarte a tomar decisiones con más estrategia.
Ese 9,5 también me enseñó a no despreciar lo conseguido. Durante los primeros días, la falta de plaza tapaba cualquier orgullo. Me costaba reconocer la nota porque la sentía incompleta. Como si no valiera si no venía acompañada de plaza. Pero con el tiempo entendí que sí valía. Valía porque demostraba mi nivel. Valía porque confirmaba que mi preparación tenía una base sólida. Valía porque me colocaba en otro lugar para seguir avanzando.
Advertencia importante: no conviertas una plaza que no llegó en la prueba de que no sirves. A veces el resultado final no refleja todo tu valor profesional ni todo tu crecimiento como docente.
¿Te está resultando
útil este artículo? ⏱️ Permítenos
una breve pausa para presentarte el recurso definitivo que te ahorrará cientos
de horas de estudio. Nuestros materiales, 100% actualizados a la LOMLOE y el
RD 95/2022, integran Neurociencia, ODS y los principios del DUA para
que destaques ante el tribunal. ¿Qué incluye nuestro Pack Exclusivo? ✅ 25 Temas Resumidos: Con guía de estudio, en texto y Audio/Podcast
🎧. ✅ Programación, Unidades Didácticas y Situaciones de Aprendizaje:
Ejemplos innovadores de Unidades Didácticas y Situaciones de Aprendizaje
listas para guiarte, incluye guion de defensa ante el Tribunal y estrategias
para confeccionar las tuyas propias. ✅ Supuestos
Prácticos: Gran variedad de casos resueltos paso a paso y guión para
aprender a resolverlos. ✅ Estrategia: Consejos clave para superar las
pruebas con éxito. 👇 Haz clic en la
imagen y accede a todo el contenido. ¡Consigue tu plaza con herramientas
eficaces! 🎯💪
Qué hacer si te has quedado sin plaza por el baremo
Si te has quedado sin plaza por el baremo después de sacar una nota alta, lo primero es no exigirte una reacción perfecta. No tienes que estar agradecido/a de inmediato. No tienes que alegrarte rápido. No tienes que responder todos los mensajes. No tienes que hacer planes esa misma tarde. Has recibido un golpe emocional y necesitas margen.
Después, cuando puedas respirar mejor, revisa los datos con calma. No desde la obsesión, sino desde la estrategia. Mira qué ha pasado. Mira qué parte de tu resultado depende del examen y qué parte del baremo. Mira qué posición has ocupado. Mira qué posibilidades reales se abren. Mira qué puedes mejorar de cara a la siguiente convocatoria. Pero no hagas ese análisis en pleno pico de rabia, porque en ese momento todo parece más oscuro.
También es importante protegerte de ciertos comentarios. Habrá quien te diga que no es para tanto. Habrá quien compare tu situación con la de otras personas. Habrá quien intente animarte demasiado rápido. Habrá quien use tu nota para exigirte que sigas sin permitirte estar mal. Elige bien a quién escuchas. En días así necesitas personas que no minimicen tu dolor, pero que tampoco te dejen vivir dentro de él.
Y cuando llegue el momento, convierte la experiencia en una estrategia. Si tu examen ha sido muy bueno, identifica qué funcionó. Si tu defensa oral salió fuerte, analiza por qué. Si tu programación gustó, no la destruyas por rabia; mejórala. Si el baremo fue el obstáculo principal, infórmate con rigor sobre qué méritos puedes construir según tu situación y convocatoria.
Volver a intentarlo sin volver igual
Volver a intentarlo no significa repetir exactamente lo mismo. Significa volver con más información. Yo no volví al estudio como si nada hubiera pasado. Volví distinta. Más realista, más consciente del sistema, menos inocente y también más fuerte. No una fuerza de frase motivacional, sino una fuerza más silenciosa: la de saber que había sido capaz de hacer una gran oposición y que mi camino no estaba terminado.
Volver después de un 9,5 sin plaza exige cuidar mucho el discurso interno. Puedes caer en dos extremos. Uno es pensar que todo da igual, que el baremo decide y que esforzarte no sirve. El otro es exigirte una perfección imposible para compensar lo que no depende de ti. Ninguno de los dos ayuda. Lo más sano es aceptar las dos verdades a la vez: hay una parte que no controlas, pero hay una parte que sí puedes seguir mejorando.
En mi caso, volver implicó revisar sin destruir. Mantuve lo que había funcionado. Mejoré lo que podía afinar. Miré mi programación con menos apego y más criterio. Practiqué la defensa oral no desde el miedo, sino desde la consolidación. Trabajé supuestos con más intención. Y, sobre todo, intenté no estudiar desde la herida. Porque cuando estudias solo para vengarte del resultado anterior, acabas agotándote.
Si hoy estás en ese punto, quizá todavía no puedes pensar en volver. Está bien. No tienes que decidirlo ahora. Pero cuando puedas, hazte esta pregunta: si he sido capaz de sacar una nota tan alta, qué puedo construir a partir de esto cuando deje de doler tanto. No para negar el golpe. No para convertirlo en una historia bonita demasiado rápido. Sino para no dejar que el dolor borre la evidencia de tu capacidad.
Conclusión: no eras menos docente por no tener plaza
Quedarse sin plaza por el baremo después de sacar un 9,5 duele de una forma muy concreta. Duele porque has estado cerca. Duele porque has demostrado nivel. Duele porque la gente te felicita y tú no sabes si sonreír o llorar. Duele porque una parte de ti pensaba que esta vez sí. Y duele porque, aunque sabes que el baremo forma parte del proceso, emocionalmente cuesta aceptar que una nota excelente no haya bastado.
Pero quiero que recuerdes algo: no eras menos docente por no tener plaza ese día. Tu capacidad no empezó ni terminó en una lista. Tu mirada hacia la Educación Infantil, tu esfuerzo, tu programación, tu defensa y tu forma de entender la escuela no desaparecieron porque el resultado final no fuera el esperado. La plaza no llegó, pero eso no significa que todo fuera en vano.
Levantarse de la cama al día siguiente no fue heroico. Fue pequeño. Fue lavarme la cara. Fue escribir dos frases. Fue no abrir el grupo de WhatsApp. Fue permitirme estar triste. Fue no destruir mi trabajo por rabia. Fue aceptar que necesitaba tiempo antes de volver a planificar.
Y quizá eso es lo que más necesitamos escuchar cuando el baremo nos deja fuera: que no tenemos que reaccionar perfecto. Que podemos caer. Que podemos llorar. Que podemos enfadarnos. Pero que, cuando el dolor baje un poco, también podemos mirar esa nota y reconocer algo importante: si fuiste capaz de llegar hasta ahí, no partes de cero.
No conseguiste la plaza en esa convocatoria. Pero conseguiste una evidencia: sabes preparar, sabes defender, sabes competir y sabes estar cerca. Ahora toca descansar, revisar, entender el baremo, proteger tu autoestima y decidir el siguiente paso desde la calma, no desde la herida.
Porque un 9,5 sin plaza duele. Claro que duele. Pero también dice algo de ti. Dice que hay una maestra o un maestro preparado/a, con criterio y con voz propia, que todavía no ha terminado su historia.

0 Comentarios
Emoji